Mini-Zoo

La primera impresión al abrir Mini Zoo es la de adentrarse en una especie de espectáculo de magia o una actuación circense. O eso, al menos, nos llevan a presuponer los primeros elementos que aparecen en la pantalla y la música que los acompaña. Pronto nos damos cuenta que ese pequeño zoo creado por el reconocido ilustrador Christoph Nieman tiene mucho de prestidigitación y juego, en el que la sorpresa y la diversión serán los dos ingredientes esenciales. Y es que las pequeñas historias de animales que configuran la propuesta se inicia como si de un truco de magia se tratase: un lápiz dibuja un sombrero de copa del que aparece un conejo. A partir de ese momento, la experiencia pasa por pulsar o deslizar el dedo (hacia los cuatro puntos cardinales) sobre los diferentes animales que van apareciendo pantalla tras pantalla. El usuario puede de este modo interaccionar con cada uno de ellos y regocijarse con sus ocurrentes e inesperadas reacciones.
Dibujados con trazo negro, grueso, rápido y de forma muy sencilla (acercándose mucho a los dibujos infantiles), los rasgos de los animales adquieren gran expresividad con el movimiento y se ganan rápidamente la empatía del pequeño lector-jugador, que no dudará en repetir muchas veces el movimiento que más le haya sorprendido. La viveza de los dibujos se potencia con el uso de pantallas de colores planos -sobre los que el negro destaca mucho- o con la inserción de unas pocas fotografías sobre las que se desarrollan algunas de la mini historias, como el caso del elefante en la bañera o el de la mariposa y el gato persiguiéndose sobre un paisaje de montañas.
Cada animal tiene así su propio pequeño relato (narrado simplemente a través de elementos visuales, de movimiento y sonoros) que se inicia y se acaba con una transición que nos lleva de una pantalla a otra, de un animal al siguiente. Y aunque éstas no configuran un hilo narrativo evidente, se trata de transiciones que, la mayor parte de veces, utilizan algún elemento del dibujo anterior para crear el nuevo, jugando de nuevo con el asombro y las posibilidades del dibujo. De este modo, nos encontramos con 21 historias diferentes que proponen cosas tan dispares como tocar el xilofón con los dientes de un cocodrilo, relamer la pantalla con la lengua de una jirafa, hacer correr y patinar a una mariquita sobre una manzana o jugar con los colores de la piel de una iguana.
Mini Zoo puede ser una muy buena opción para adentrar a los más pequeños en la lógica de la narración interactiva. Se trata de una propuesta sencilla e intuitiva, que, además de ayudarlos a comprender las posibilidades del medio, les brinda un elenco de personajes entrañables con los que compartir juegos.